Próxima estación…

estacionsEn nuestra cultura estamos acostumbrados a dividir el año en cuatro estaciones, aunque esto no deja de ser una convención. El mismo cambio climático hace que la división y descripcion de las estaciones que siempre hemos conocido, empiece a parecernos desfasada; hace calor en fechas en las que no era habitual, se pasa de época de sequía a lluvias torrenciales, en definitiva, el tiempo se ha vuelto más imprevisible… Un ejemplo de que no necesariamente se tiene por qué dividir el año en cuatro estaciones es que en el calendario hindú de la cultura clásica de India se distinguían hasta seis. El nombre sánscrito con que nos referimos a la estación del año es ṛtu. Vamos a ver cuáles eran:

vasanta (primavera): la estación “brillante”, también conocida en la literatura clásica con el nombre de ṛturāja (la reina de las estaciones), aunque hay que tener en cuenta que en sánscrito las palabras ṛtu y raja son masculinas. Es el periodo comprendido aproximadamente entre el mes de caitra (marzo-abril) y vaisākha (abril-mayo), en el que el clima es templado. Su punto intermedio es el equinoccio de primavera.

grīṣma (verano): la estación “cálida”. Es el periodo entre el mes jyeṣṭha (mayo-junio) y el mes āṣāḍha (junio-julio). Se trata de la época más calurosa del año en el subcontinente indio. Finaliza con el solsticio de verano.

varṣa (monzón): es la época “lluviosa”. Incluye el periodo entre el mes śrāvana (julio-agosto) y bhādra o bhādrapada (agosto-septiembre). Es una época caracterizada por las frecuentes e intensas lluvias en India. Se inicia con el solsticio de verano, en el que tiene lugar el día más largo del año.

śarad (otoño): es la estación “madura”.Comprendre los meses de āśvina (septiembre-octubre) y kārtika (octubre-noviembre). En esta época el calor se atenúa. El punto intermedio de esta estación lo marca el equinoccio otoñal.

hemanta (pre-invierno): Es la estación que precede al invierno, en la que el tiempo en India suele ser más estable. Se extiende desde el mes de mārgaśīrṣa agrahāyaṇa (noviembre-diciembre) hasta el de pauṣa (diciembre-enero). Finaliza con el solsticio de invierno, que corresponde con el día más corto del año.

śiśira (invierno): Es la estación “fría”. Tiene lugar entre el mes de māgha (enero-febrero) y el de phālguna (febrero-marzo). Es la época en la que suele hacer más frío en la mayor parte del subcontinente indio. Se inicia con el solsticio de invierno.

estacions1En la literatura clásica sánscrita existe una obra poética de Kālidāsa que refleja con gran belleza el devenir de las distintas estaciones. Se trata del ṛtusamhāra de ṛtu (estación) y saṁhāra (grupo, serie…), obra que podemos traducir como “El ciclo de las estaciones”. El poeta describe la belleza de la naturaleza y las variaciones que ésta experimenta en cada estación, con referencias contínuas al clima, al paisaje, a la fauna, a la flora, todo ello en interacción con los sentimientos de los amantes. El ṛtusaṁhāra lo componen 153 poemas en los que abunda el estilo descriptivo y que son una clara muestra del preciosismo formal que persigue la poesía clásica sánscrita. También es una obra que nos acerca a la naturaleza y al ciclo de la vida, marcado por el devenir de las estaciones.

 

Revelados por el sonido de un tambor

“Cuando el rey de la danza terminó de danzar, con el deseo de instruir a sabios como Sanaka y otros, tocó catorce veces el tambor; en su resonar surgió la red de los aforismos de śiva.”

La revelación está tan arraigada en la tradición hindú que incluso la gramática del sánscrito no se encuentra al margen de la dimensión trascendente. El pasaje anterior nos explica a través del mito como surgieron los aforismos de śiva, conocidos como māheśvarasūtrāṇi (los sūtras de maheśvara) o akṣarasamāmnāya (enumeración de fonemas). Estos aforismos son una secuencia de ordenación de los fonemas sánscritos que sirven de base para desarrollar los sūtras de la aṣṭādhyāyī, la gramática sánscrita de Pāṇini.

Los 14 aforismos que según la tradición emanaron del tambor de śiva y que forman los māheśvarasūtrāṇi son:

1- A I U Ṇ;
2- Ṛ Ḷ K;
3- E O Ṅ;
4- AI AU C;
5- HA YA VA RA Ṭ;
6- LA Ṇ;
7- ÑA MA ṄA ṆA NA M;
8- JHA BHA Ñ;
9- GHA ḌHA DHA Ṣ;
10- JA BA GA ḌA DA Ś;
11- KHA PHA CHA ṬHA THA CA ṬA TA V;
12- KA PA Y;
13- ŚA ṢA SA R;
14- HA L;

Gracias a la ordenación de estos aforismos, podemos hacer referencia a distintos grupos de fonemas a través de fórmulas sintéticas llamadas pratyāhāras, de manera que se crea un metalenguaje que permite exponer de forma concisa todas las reglas gramaticales. Los fonemas incluidos en un determinado pratyāhāra serán los comprendidos entre el primer fonema de éste y la marca que indica el fin, que recibe el nombre de it. Se verá mejor con unos ejemplos:

El pratyāhāra AC es la fórmula para referirse a todas las vocales, es decir: A,I,U,Ṛ, Ḷ, E,O, AI, AU. Por lo tanto, se incluyen todos los fonemas comprendidos entre la A y la marca final C.

El pratyāhāra A Ṭ, en cambio, además de las vocales, incluirá las semivocales. En este caso los fonemas serían A,I,U,Ṛ, Ḷ, E,O, AI, AU, Y, V, R, ya que la marca final es la Ṭ

Con el pratyahara AṆ, nos referiremos exclusivamente a las vocales A, I, U.

Si empleamos el pratyāhāra ŚAL, nos estaremos refiriendo a las sibilantes y la aspirada, es decir Ś, Ṣ, S, H. Mientras que si el pratyāhāra es ŚAR, no incluirá la H y se limitará a los fonemas Ś, Ṣ, S.

El pratyāhāra VAL, incluirá todas las consonantes excepto H y Y.

En el caso del pratyāhāra KHAR, se incluirán todas las consonantes sordas, por lo tanto: KH, PH, CH, ṬH, TH, C, Ṭ, T, K, P, Ś, Ṣ, S. Para referirnos, en cambio, a las consonantes sonoras, emplearemos el pratyāhāra HAŚ, que incluye los fonemas:H, Y, V, R, L, Ñ, M, Ṅ, Ṇ, N, JH, BH, GH, ḌH, DH, J, B, G, Ḍ, D.

Y así con otras combinaciones.

En los sūtras de la gramática sánscrita, estos pratyāhāras, aunque son agrupaciones de fonemas, sin otro significado añadido, son tratados como palabras de un metalenguaje, que al igual que el resto de palabras son declinables y tienen una función gramatical determinada dentro de la frase. De esta manera, en los sūtras de la aṣṭādhyāyī, pueden ser expuestas todas las reglas y su casuística.

Los māheśvarasūtrāṇi son un ejemplo fascinante de cómo lo mítico y trascendente impregna la tradición de India, y al mismo tiempo nos muestra la capacidad sorprendente de la antigua cultura hindú de organizar el lenguaje y el pensamiento.

 

Las otras revelaciones

Hemos comentado ya en otros artículos que la tradición hindú ortodoxa (āstika) se fundamenta en el Veda, textos que se consideran revelados y de creación no humana. En el hinduismo existen otras corrientes, las no ortodoxas (nāstika), como es el caso de las doctrinas tántricas, que se fundamentan en otros textos que para sus seguidores tienen también un carácter revelado. La distinción entre lo ortodoxo y lo heterodoxo en el hinduismo radica principalmente en la aceptación o no del Veda como texto fundamental. En el caso del tantrismo, aunque en ocasiones existe una oposición o una no-aceptación del Veda, en otros casos, aun aceptando su autoridad, se otorga un valor preeminente a los propios textos revelados.

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El triśūlābja, yantra que representa la Conciencia Suprema en el shivaismo

Una de las doctrinas tántricas más importantes, por no decir la que más, es la del llamado Shivaismo de Cachemira, conocida también con otros nombres, como trika, krama o pratyabhijñā, en función de su etapa de desarrollo. El texto más destacado son los śivasūtras, un conjunto de aforismos que exponen esta filosofía, que se fundamenta en la existencia de una Conciencia o Realidad Suprema, el paramaśiva, que a través de sus śaktis, sus poderes inherentes, expande el universo en un proceso de creación que cambia constantemente. Según esta doctrina, el objetivo del crecimiento espiritual consiste en deshacer las corazas que hacen que nos sintamos un ser limitado para identificarnos con la Conciencia Suprema, omnisciente y omnipotente. Para esta tradición los śivasūtras son un texto revelado y tienen una historia trascendente que apoya este principio.

Se considera que fue el propio śiva quien a través de un sueño enseñó los śivasūtras al sabio Vasugupta, que vivía en la montaña Mahādeva, cerca de la ciudad de śrīnagara.  En el sueño śiva le dijo que en una roca de esa montaña estaban inscritas sus doctrinas y que debía descubrirlas y enseñarlas a aquellos que merecieran la gracia. Cuando Vasugupta despertó se dirigió al lugar y, sólo con tocar la roca, ésta giró y mostró los aforismos inscritos en ella. De ahí que la autoría se atribuya a śiva y no al ser humano, entendiendo que Vasugupta sólo actuaría como canal de la revelación, al igual que los ṛṣis lo fueron del Veda. Teniendo en cuenta distintos datos se calcula que el descubrimiento de los śivasūtras debió tener lugar entre finales del siglo VIII y principios del IX. La roca aún hoy es conococida con el nombre de śaṅkaropala (la roca de śaṅkara- otro de los nombres de śiva), aunque es cierto que no hay rastro de las inscripciones.

Tanto si se trata de la tradición ortodoxa como de la heterodoxa, como podéis observar, el hinduismo no deja de asombrarnos con su dimensión trascendente y mágica, haciéndonos traspasar aquel umbral que conecta lo real con lo mítico.

Mattur, la aldea del sánscrito

Existe una pequeña población en el estado de Karnataka en el sur de India donde el sánscrito es usado como lengua de comunicación habitual. Se trata de Mattur, conocida por esta peculiaridad que sin duda resulta sorprendente. ¿No habíamos dicho que el sánscrito es una lengua que no se habla desde hace muchos siglos? Aunque las lenguas nativas en Mattur hasta antes de los años ochenta del siglo xx eran el Kannada y el Tamil, ahora sus habitantes siguen un estilo de vida basado en el aprendizaje y la conversación en lengua sánscrita, así como en el estudio y la recitación de los textos védicos. Sí, ciertamente es peculiar. Sería como si en una población europea se hablara a día de hoy en latín.¿Cómo puede ser esto posible?

Todo se explica a partir de una iniciativa de la organización Sanskrita Bharati, que tiene como fin la promoción de la lengua clásica de India. En el año 1981 esta organización creó un taller de sánscrito en Mattur guiado por el sacerdote Pejawar Mutt, una iniciativa que estaba programada para durar diez días y que caló tanto en la población que esta lengua, gracias al entusiasmo del citado sacerdote, acabó siendo adoptada como principal lengua de la aldea.

Mattur está habitada principalmente por los sankhetis, una comunidad de bramanes que emigró de Kerala y que se estableció en esta población hace seis siglos. Aparte del sánscrito, tienen como lengua el sankheti, un dialecto que mezcla aspectos del sánscrito con otras lenguas como el Kannada, el Tamil y el Telugu. En la actualidad todos los habitantes de Mattur, no sólo los bramanes, y con independencia de su condición social, conocen y emplean el sánscrito en el día a día.

Desde su adopción como lengua común, el aprendizaje del sánscrito se lleva a cabo en esta aldea de generación en generación y el conocimiento se trasmite por medio de la instrucción que los maestros ofrecen a los discípulos. Además de la voluntad de dar vida a la lengua clásica de India y extender su conocimiento, los maestros destacan la importancia que puede tener el aprendizaje de esta lengua para el estudio de otras disciplinas, como por ejemplo las matemáticas. Debe ser cierto, pues muchos habitantes de Mattur acaban siendo ingenieros, médicos o teniendo un expediente académico destacadísimo.

¿Sánscrito hablado?

Cuando se habla del sánscrito, lo primero que le viene a la cabeza a muchas personas es que se trata de una “lengua muerta”, como le pasa también al latín. Considero que ese adjetivo no es en absoluto adecuado para ninguna de ambas lenguas, por no decir que debería considerarse erróneo. Sí que es cierto que el sánscrito hace muchos siglos que dejó de ser lengua materna o natural, es decir, que nadie aprendre a hablar a través de sus padres con el sánscrito. Aunque su uso no sea tampoco el de una lengua moderna, ello no significa que no haya personas que conozcan esta lengua y sus textos, que reciten sus himnos en ceremonias sagradas, que enseñen o estudien su gramática, que empleen sus términos filosóficos o que la utilicen en determinados ámbitos. Además, hay que tener en cuenta que, a día de hoy, el sánscrito es una de las lenguas oficiales en India. ¿Cómo se puede llamar “muerta” a una lengua que tiene este estatus? Lengua muerta sería aquella que ha dejado de ser aprendida, que no tiene ningún uso y que ha sido relegada al olvido.

Otra cuestión es plantearse hasta qué punto el sánscrito, que hace mucho tiempo que no tiene un uso como lengua de comunicación habitual, puede servir hoy en día para ese fin. Pues bien, hay colectivos que quieren reivindicar el sánscrito como lengua hablada y defienden su uso para la comunicación cotidiana. Uno de estos colectivos es el viśva samskṛta pratiṣṭhāna de Benarés, que quiere conferir al sánscrito el rol de lengua para el uso común, invadidos por un idealismo que no sería descabellado comparar con el que surgió en Europa con el esperanto, el de crear una lengua franca que sirviera como herramienta de comunicación para la humanidad. En el caso del sánscrito, su función de lengua franca se centraría en India, donde existe una inmensa variedad de lenguas y dialectos. El movimiento de promoción del sánscrito como lengua hablada también viene marcado, a mi entender, por un romanticismo que quiere mantener viva la importancia que esta lengua ha tenido y tiene todavía en India, incluso como seña identitaria.

Una de las grandes dificultades de hablar hoy en día una lengua que hace muchos siglos que no tiene un uso normal es la de disponer de palabras que se refieran a todos aquellos objetos y ámbitos actuales, especialmente los relacionados con la ciencia y la tecnología. ¿Cómo podemos, por ejemplo, llamar a la televisión si no existía tal objeto en el pasado? Pues aquí es donde entra en escena la labor del viśva samskṛta pratiṣṭhāna de Benarés, que es la de crear el léxico nuevo, aquellos neologismos que permitan adaptar la lengua a los tiempos actuales. A pesar del inconveniente de que el sánscrito, por razones obvias, no dispusiera de estos términos modernos, lo que sí es cierto es que esta lengua tiene una capacidad de composición y de derivación terminológica sorprendente, por lo que quien ponga empeño en ello, con un poco de imaginación, sabrá encontrar la manera adecuada de referirse a los conceptos actuales.

Pondremos algunos ejemplos de estos neologismos sánscritos:

Teléfono: dūravāṇī – “voz a distancia”
Teléfono móvil: caradūradhvani “voz a distancia en movimiento”
Televisión: dūradarśana “visión a distancia”
Radio: ākāśavāṇī “voz que va por el aire”
Cámara fotográfica: citragrāhiṇī “captadora de imágenes”
Ordenador personal: nisaṅga “que va con nosotros”
Cinecalaccitra “imágen que se mueve”
Gafas: upanetra “cercano a los ojos”
Bicicleta: dvicakrikā “que tiene dos ruedas”
Avión: vāyuyāna: “vehículo del aire”

Está claro que la posibilidad de crear neologismos existe, otra cuestión es el debate que puede generarse al considerar hasta qué punto este esfuerzo merece la pena. Dependerá del idealismo y del romanticismo de cada uno.

Fin de la cita

Tan preeminente es la oralidad en la lengua sánscrita que cuando ésta se escribe, generalmente en alfabeto devanāgarī, no se emplean los signos gráficos comunes en nuestro alfabeto, como las comillas, los dos puntos, los puntos suspensivos o los signos de interrogación o exclamación. La función de estos signos es suplida por otros recursos.

Para las citas literales, que nosotros marcamos con las comillas, en sánscrito se emplea la partícula iti, que se coloca al final de la cita. Por ejemplo, la frase: tat vismitamiti cintayāmi, significa literalmente: “esto es sorprendente”- pienso. El iti marca el final de la cita y la separa de la frase principal cintayāmi-pienso.

En la lengua sánscrita se emplea casi exclusivamente el estilo directo. Una frase como: nṛpo’hamiti vadati, la podemos traducir de una forma literal, en estilo directo, como”soy el rey”- dice”, o bien en estilo indirecto”dice que es el rey”, aunque en sánscrito se emplea sólo la primera forma.

También se emplea iti a principio de frase en expresiones como ityuktvā (habiendo dicho esto…), iti matvā (habiendo considerado esto…), iti kṛtvā (habiendo hecho esto…), en las que iti se refiere a aquello que se ha explicado en frases anteriores.

La partícula iti también sustituye a los dos puntos en el caso de las enumeraciones. Por ejemplo:  tapaḥ satyaṁ kṣamā damaḥ alobha iti margo’yam. (este camino está formado por: austeridad, veracidad, paciencia, autocontrol y no-codicia)  Aquí el iti cierra los elementos enumerados.

Otro uso común de iti es como colofón de un capítulo o de una obra, por lo que esta partícula no se limita a cerrar una cita sino que puede cerrar todo un discurso. En este caso la podemos traducir como “hasta aquí…” Por ejemplo: “iti prathamo’dhyāyaḥ” – Hasta aquí el capítulo primero.

Sin más que añadir, de momento, acabaremos con “iti tat prakaraṇam” -hasta aquí esta explicación.

 

Las ciencias anexas al Veda

Si en el anterior artículo vimos los vedāṅga, es decir, los miembros del veda, vamos a conocer ahora otros textos que forman parte del corpus védico, los llamados upavedas. Estos textos abordan lo que a menudo se traduce como “ciencias secundarias” o incluso “inferiores”, pero que atendiendo al significado literal del término quizás sería más correcto denominar “ciencias anexas al veda“, ya que la palabra upaveda está formada por el prefijo upa, que indica “proximidad”, y veda, que significa “conocimiento”. Según el caraṇavyūha, un tratado sobre las escuelas védicas, dentro de los upavedas se encuentran las siguientes disciplinas o tratados de carácter práctico:

El āyurveda: la ciencia de la medicina. Se asocia al ṛgveda (aunque en otros tratados se asocia al atharvaveda). El término está formado por la palabra āyus, que tanto significa “vida” como “bienestar” y la palabra veda, “conocimiento”. Se trata de la tradición médica ancestral que busca conseguir el equilibrio cuerpo-mente-espíritu a través de métodos naturales.

El dhanurveda: la ciencia del tiro con arco. Instruye sobre esta disciplina. Se asocia al yajurveda. El término está formado por la palabra dhanus – arco y la palabra veda.

El gāndharvaveda: la ciencia de la música. Se asocia al sāmaveda, el veda de los cánticos. La palabra gandharva designa a los músicos celestiales de la mitología hindú.

El śastraśāstra: tratado del arte militar. Se asocia al atharvaveda. En este caso, el término está formado por las palabras śastra, que significa “arma” y śāstra (con a larga), que significa “tratado, disciplina, materia”.

En otras clasificaciones, se incluyen como cuarto upaveda el sthāpatyaveda, la arquitectura, o el śilpaśāstra, la artesanía.

Aunque se consideren conocimientos anexos al veda y tengan un carácter práctico, eso no impide que más allá de su aplicación tengan un sentido trascendente que busca enraizar el conocimiento de lo mundano con la dimensión espiritual.